Un catalejo interestelar de un pasante primerizo, sin propósito específico, estuvo escudriñando minuciosamente el cuerpo de una orbita remota. La irrelevante esfera, doblemente alejada de la galaxia central, había tenido mucho tiempo atrás habitantes de una cultura en grado G 3. Pertenecía a una estrella menor,que ya había sido estudiada por cyborgs enjundiosos y especialistas en Psicohistoria, y cuya imagen llegaba al artesanal telescopio con un retraso considerable de tiempo. La demora rebasaba las correcciones habituales de la traslación. Este accidental decalage fue afortunado. De ese período, casi archivado para los investigadores, llegaba vivo un extraño fenómeno místico de carácter tribal.
El inesperado asunto interesó a muchos científicos especializados en ese añejo, remoto y casi desvaído cuerpo celeste. Por coincidencias afortunadas, habrían observado un suceso cíclico desconocido, un intenso ritual con esferas pequeñas que su habitantes desplegaban. El evento desprendía una enfática apelación a fuerzas sobrenaturales que intrigó a los primeros observadores de las esferas. Ese curvado objeto era el tenaz centro de la ceremonia. A primera vista parecía un despliegue de solemnidad iniciática con un fetiche.Ya había estudios sobre tribus que lanzaban objetos redondeados, aparentemente con propósito protocolar y en vísperas de una transición estacional. Es sabido que las curvas esbozan el regreso y sugieren tendencias al universo, ciclos de tiempo, retornos crónicos, pero en este caso era un trance místico excepcional, de una significación sin antecedentes por su magnitud.
Según los primeros archivos sobre estas criaturas, se habían registrado muchas creencias primitivas sobre bóvedas celestes y esferas encantadas. Las presidía una idea del planeta como un cuerpo vivo y la rotación estelar como una voluntad mayor. Se había atesorado el informe muy antiguo de un autor apodado Timeo, que había escrito un texto denominado Platón, donde afirmaba que esas formas eran las únicas esenciales. Pero no había derivaciones religiosas institucionalizadas del efímero postulado de Timeo. Ni siquiera las arcaicas y crípticas sefirots circulares que habían estudiado los investigadores esotéricos prefiguraban el fenomeno mIstico. Era un ejercicio espiritual colectivo con acrobáticas plegarias simbólicas alrededor de un fetiche. Según una laboriosa indagación informativa,todo sucedía sin referencia a un enorme desastre planetario registrado algo mas tarde y que todavía esos habitantes ignoraban.
El ritual era plenamente compartido sin reservas. Un cuerpo redondo, mínimo y carente de importancia, magnetizaba en su redondez la atención global. A pesar de la anárquica y espasmódica violencia en muchísimos rincones de ese planeta azul, proseguía impávido el culto minucioso del objeto menor. La imponente ceremonia organizaba armoniosamente la fila de dos grupos de novicios uniformados con colores y números propios, que alternativamente cantaban su canción de loas exaltadas. Dejaban en el centro de la plaza y equidistante entre ambas filas el fetiche a cargo de un juez monástico, un rector de jurisprudencia ritual con autoridad absoluta. La División Arqui Astral se interesó en la pequeña esfera encantada, ya que muchos estudios anteriores habían registrado la inexplicable diseminación de tendencias curvadas. Era notoria una busca de modelos similares, círculos, esferas,globos,ruedas,medallas,svasticas o cruces rúnicas. Solían confrontarse con otras figuras teológicas, como ilustraba la arcaica secta de los anulares que había descrito JLB, un remoto místico perdido.
Los primeros investigadores atribuyeron esta confrontación a una tendencia a violentarse unos a otros, que habría tenido incidencia en la enigmática extinción de la especie. Según sugiere esta observación, esa esfera pequeña había adquirido un poder espiritual superior que no dejaba de suministrar esperanza metafísica. La actividad rutinaria de transportes, trabajos y encuentros globales nunca cesaban, pero millones se subordinaban a esa liturgia agitada que buscaba y expulsaba el talismán redondo, con visible desesperación, sin que los dos bandos de oficiantes se pusiesen de acuerdo. Algunos investigadores argumentaron un significado latente de símbolos y mensajes, otros la teatralización de una lucha, como la División Arquistral había registrado en diversos mundos perdidos. Veteranos investigadores advertían gestos que simbolizan matrimonios, fusiones, alianzas y discordias del sol, la luna y otros astros, pero que fetichizaban siempre el mismo objeto circular. Lo que más fascinaba a los cerebrales trascendentes consultados en Omegatis 14, es que aquellas criaturas respetaban en su despliegue unas normas tan absurdas como rigurosas, una obsesión puntillosa que el mismo fervor por la pequeña esfera suscitaba.Los desvelaba ese influjo. Era la única actividad planetaria que, a pesar de su rapidez y agitación, parecía tener reglas, un procedimiento móvil de ordenamiento establecido. Un proceso pasional religioso pero certero y repetido.Era afín al fenómeno del baile,pero éste estaba asociado a las fiestas y la seducción, sin la hondura espiritual que emanaba del otro. La sumisión al extraño código indicaba una devoción tan honda que incluso los millones de frenéticos que rodeaban la enorme plaza del sacrificio la respetaban con unción y acompañaban con himnos. El resto del planeta era, usando una palabra tomada del dialecto asteroide, un auténtico quilombo.
Las gigantescas tribus se engañaban mutuamente, atacaban, invadían, robaban energía, secuestraban. Por alguna fiebre se reunían, mentían y espiaban, y se traicionaban todo el tiempo, y a veces se mataban de hambre o se abandonaban a pestes desconocidas. En cambio, esa ceremonia de la esfera chica, a pesar de las enormes multitudes de fieles, era excepcionalmente cuidadosa, como si un terror al poder mágico los contuviese hechizados. Los diestros oficiantes terminaban agobiados con esas reglas que siempre aceptaban. Quizás el rito invocase la misericordia, un favor de clemencia desde la esfera pequeña hacia la grande, que entonces se estaba resecando y destrozando con una infatigable saña. Según algunos psicohistoriadores, los creyentes de la mínima esfera encantada debían querer que alguien ordenase esa violencia planetaria. Lo que no cabe duda es que era una expresión religiosa primitiva, un ímpetu reverencial que otros esféricos ya habían practicado.
La liturgia que organizaba el oficio era singular, los devotos reían y lloraban durante las etapas del ritual, y padecían genuina desesperación,aunque sabían que el resultado siempre era el mismo, y que todos volvían a su hogar despues del acto de fe, unos mas alegres que otros. Se detectaron en estos ciclos místicos unos rumores que sostenían que uno de los invocantes era un extraterrestre, sus inesperados gestos bruscos con la esfera encantada habían llamado la atención. Se desconoce si desde un planeta vecino habrían mandado un agente para que se infiltrase entre los sacerdotes. Quizás luego lo retirasen, se hacía notar mucho, mandaba ostensibles mensajes al cielo, y había profusión de carteles que lo exaltaban como semidivino.
La noción de esfera celeste, la curvatura del universo, la burbuja infinita, es una clave usual de todo ensueño cósmico. Quién escaparía del rodar de las esferas, quien más que nosotros podría apreciar su valor expansivo en la galaxia. Es también entendible que se haya usado con fines didácticos, es rigor en civilizaciones espaciales, incluso como metáforas históricas, pero esta entrega religiosa apasionada era inédita. Un fervor único. Su descubrimiento casual abre inquietantes preguntas. Sugiere que podrían ser ancestros biológicos de muchas conductas insólitas nuestras. Se sabe que arrastramos todavía atavismos biológicos desconocidos. Un nexo que muchos observadores reconocieron in situ con probidad. Algunos operadores de la recepción también lo confirmaron con estupor, diferenciándolo técnicamente de una alucinación robótica. Lo habían sentido al elevarse los chips,al repartir lycras de memoria, al concentrar los flujos digitales y especialmente al lanzar los tubos flotantes con unos llamativos y raros gestos reflejos.
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