Un
rebosante entusiasmo gestado por el Papa León XIV ha empapado los fieles de
Francia y España. Muchas generaciones están virando magnéticamente desde la
indiferencia o la polarización extrema hacia un nuevo misticismo religioso. El
fervor eclesiástico estaba casi apagado y habia sido entregado a la
extremaunción por el desquiciado siglo XX . La actual marejada litúrgica lo despierta, es
contagiosa, pero el oleaje,como todas las ondas, sucede sin moverse del sitio; se abandona, con bautismos y devociones
colectivas, al seguro mareo de la fe.
Como había aventurado Robert Brownning en conversaciones del siglo XIX , cuando
la brisa era soplada por Voltaire, la incredulidad ilustrada o el malévolo
ingenio anarquista, la espumosa ola contraria
era la misma, pero en otra dirección : ‘’ canjeamos una vida piadosa con
sobresaltos de incredulidad por una vida incrédula con sobresaltos de fe. Antes
deciamos que el tablero era blanco, ahora que es negro ‘’. Aquella inteligencia
critica, favorecida por una antigüedad de dos siglos, podría hacer hoy la misma
observación y con la misma precisión irónica:
esa ola juega al cambio mitológico desde el mismo lugar. El judaismo
padece la misma devoción por su biblica revelación de las ultimas decadas
levantinas, y para el Islamismo su horizonte tiene el vigor expansivo que habia
tenido el comunismo hace un siglo, o los almorávides hace diez. Los casos Ilustran la fe intemporal del
monoteismo por su estilizado caracter anacrónico.
La
clave de estas corridas bancarias del espiritu parece el escepticismo
inexorable que hoy corroe a devotos y pragmáticos por igual. Hasta judeofobia
se tonificó porque, a pesar de las caidas ideológicas, el antisemitismo se renovó como el socialismo de los estupidos,
que ya había sido practicado durante el zarismo y por los antidreifusistas. La
complejidad desafiante de la epoca ha desnudado el caracter inerme de muchos estados, y solo las referencias nacionales o
religiosas cobijan la trémula identidad. Como había observado W. Yeats en la
debacle de otra crisis : Los mejores
estan vacíos de toda convicción, mientras los peores estan llenos de apasionada
intensidad.
Hasta los impetuosos creyentes en la
inteligencia artificial advierten el siniestro callejón que acecha el porvenir. Niegan,dudan,pero
temen. Se registra un panico mudo y ubicuo ante la creciente e insomne
apropiación global, tecnológica y financiera, de la potencia cibernetica. Esa invisible condición de la IA , según el
alarmado Yuval Noah Harari, es nativa originaria de la misma araña burocrátrica que sirve, pero adversa la confiada habilidad
grupal de los indocumentados sapiens .
Estas y otras argumentaciones llaman espasmódicamente a un rebato defensivo
a los responsables hipotéticos de la
especie. Hasta ahora su preparación tiene un lastimoso desconcierto azteca,
equivale a portar unas decoradas espadas de obsidiana para combatir el
indecoroso acero del montado conquistador. Los persuasivos argumentos fueron
siempre la base del convencimiento grupal de toda resistencia, pero los filosos
algoritmos no discuten, solo son eficaces. Su insondable eficacia la pudo
husmear la literatura o el psicoanalisis, pero sigue remota para los usuarios
prácticos del lenguaje.
Cuando
las primeras expresiones utopicas y distopicas del mundo venidero fueron formuladas en la cuarta decada del
siglo XX, el hermetismo linguístico apenas se intuía. En las literaturas de
Orwell y Huxley, tanto la ilusión de felicidad alienante del segundo como la
neolengua totalitaria del primero, ilustraban el sustrato ideológico con
transparente suspicacia. No trastornaban la epidermis compartida del
pensamiento y el lenguaje, solo expandian
su diversidad funcional. Ambas ficciones argumentaban, podían entender y ser entendidas
con fluidéz por los textos de Hitler,Marx, Nietzche,Mussolini o Sartre. Las
ideas cambiaban,se contradecían, coloreaban, pero las sostenía el mismo soporte
verbal y cognitivo que dispensaba la gramática
humana. La máquina, según parece, puede entendernos también en ese horizonte, aunque
no nosotros a ella. Esa asimetría es fatal.
El
Dadaismo, la psicosis, el surrealismo, la bohemia,el modernismo, la infancia, regaron jardines extravagantes sobre el
lenguaje. También gastaron artificiosas gimnasias del pensamiento, pero sin que
nunca el poético azul redondeado de la luna floreciese como una naranja. El
surrealismo rompio con bravura el lenguaje y la logica, pero sin sustantivar
nunca su remplazo. Cuando Luis Aragon fue preguntado en su vejez por el aporte surrealista, respondió con lacónica
decepción (apenas quedó la sensacion de
haber sido joven).
Hasta el ensayo de Foucault sobre
‘’ Las palabras y las cosas ‘’, solo
Mauthner primero y Wittgenstein despues, habían remarcado la red de signos que
cabalmente nos encerraba. No llegaba un eco
de silencio del universo al otro lado del tablero. Salvo algún un texto de
Borges, nadie anticipó la condición de abismal fragilidad del lenguaje y el
pensamiento, ni mantuvo abierto el relampagueante enigma que hoy nos ensombrece.
Mucho antes de su cuento, ‘’La Biblioteca de Babel’’, su prudencia crítica había explayado la idea
comentando un cuento de Lasswitz en un
articulo de agosto 1939, publicado en el numero 59 de la Revista Sur, con el
titulo de ‘’La biblioteca total’’. Cita en ese esbozo muchisimos autores,
Demócrito, Leucipo,Fechner, Theodor Wolff, Raimundo Lulio , Carroll, Mauthner, y diversos temas, como atomismo, cosmogonias
de formación fortuita, igualdad
elemental de comedia y tragedia, la humorada de Huxley sobre media
docena de monos con maquinas de escribir
que producirían en varias eternidades todos los libros del Museo Britanico, la
de Cicerón que predice que la caida de innumerables caracteres de oro con letras del alfabeto terminarían
estampando los anales de Ennio. El antecedente mas reciente que citaba es Kurd
Lasswitz, que escribió ‘’La biblioteca total’’, una fantasía animada por el
entusiasmo de Theodor Fechner. Este
último, fundador de la psicología y celebrado iniciador experimental de esa
ciencia, fue el primero que pudo medir la percepción de un estímulo según la
Ley de Weber y Fechner. Curiosamente, para un científico propulsor de las
mediciones pasicofísicas, heredó en ese experimento la doble curiosidad inglesa, abstracta y pragmática, de Hume y Locke, el
mítico encuentro logarítmico de afuera y adentro sin la plenitud central
cartesiana. No obstante, fiel a Leipzig,
finalizó cultivando una metafísica germánica de carácter animista. Sostenía que
los humanos estaban a medio camino entre las plantas y las estrellas. Su
vigorosa especulación influyó en Freud y a la vez fue influida por Spinoza, y
estas ricas inquietudes no excluyeron la estética que alentó en la precursora
obra de Lasswitz.
Fritz Mauthner, que Borges releía con fervor,
trasmitió desde su tiempo un concepto del lenguaje como límite, cuyo aporte precursor le costaba mucho reconocer al
celoso Wittgenstein. Borges, preservado por el destiempo y la distancia, contemplaba
la enciclopedia de Mauthner con decidida admiración, y su influjo emerje en las
descripciones de la enciclopedia china Borgiana, que Foucault cita en su
prologo de las palabras y las cosas, también en el ficticio examen de la obra
de Herbert Quain, en el lenguaje idealizado de Tlon Urban Orbis Tertius, en
Pierre Menard autor del Quijote, y de forma magistral en la Biblioteca de
Babel. Despues de describir los anaqueles y hexágonos, la
aberrante multiplicidad de tomos y las infinitas variaciones combinatorias de
una escala finita ( casi como haría mas adelante Chomsky con la gramatica
generativa ) , desde ese enjambre sin bordes pronuncia un interrogante que
perdura y ahora vive con intensidad. Frena el relato en tercera persona y se
dirige al lector estampándole ‘’ ¿ Tu,
que me lees, estas seguro de entender mi
lenguaje ? ‘’. Esa pregunta sigue llegando incesante. La primera impresión lectora es la
de esos decorados pintados que dejan sobresalir materialmente una forma
de la plana ilustración ( como el balcón de Romeo y Julieta que entrega la
tercera dimensión escénica al teatro isabelino del Globo). Esa presencia de la
pregunta real al lector, trastorna el texto, y la esperanza final de una
biblioteca ilimitada y periódica no apaciguará su enigma. Ha terciado una
ignorancia desconocida que curva la pagina. Nos ilustra la diferencia entre los
fantasmas reales que simbólicamente trata Borges y la débil fantasía imaginaria
persuasiva de Cortazar. Es la incertidumbre flagrante que hoy enfrenta la
especie cuando el ineluctable lenguaje cibernético nos desposee. Copio un
profético trozo textual casi al final del cuento La biblioteca de Babel de
Jorge Luis Borges. ‘’ Quizas me engañen
la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana, la única, esta por
extinguirse y que la Biblioteca perdurará
iluminada,solitaria,infinita,perfectamente inmovil, armada de volúmenes
preciosos, inutil,incorruptible,secreta. ‘’
Nos
habíamos creido poseedores absolutos del lenguaje, sin advertir que eramos
poseídos por el mismo, sin imaginar que puede deslizarse a otro anfitrión, uno que
en vez de tener una biblioteca sea una biblioteca.
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